Memorias de un viajero peruano

Memorias de un viajero peruano

Memorias de un viajero peruano

  • Autor:
    Pedro Paz Soldan y Unanue (Ver obras)
  • ISBN:9788497702287
  • Colección:Andanzas: Literatura de viajes
  • Categoría:Ciencias de la tierra, geografía, medioambiente, planificación; Estilo de vida, deporte y ocio; GEOGRAFÍA; VIAJES Y VACACIONES
  • Temática:Literatura de viajes clásicos; GEOGRAFÍA
  • Páginas:49
  • Idioma:Español / Castellano
  • Editorial:Vision Libros
  • Código de Producto:791
  • Disponibilidad: Disponible
  • Formato de este producto: Pdf
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ESTUDIO PRELIMINAR

Pedro Paz Soldán (1839-1895) ocupó varios años de su intensa vida en la práctica del viaje ilustrado. Alternó en el extranjero los estudios y las lecturas, el buen vivir, también el ágil comentario sobre las cosas vistas y en buena parte de ellos, las tareas diplomáticas. Aprovechó ampliamente el tiempo transcurrido en tierras extrañas a elaborar pacientemente o a culminar trabajos fundamentales, aparte de su obra de creación poética que no descuidó desde los años mozos de poeta eglógico hasta los años maduros de poeta satírico y violento.

En la biblioteca de su abuelo, Hipólito Unanue, auténtico médico humanista, nutrió en los años juveniles su curiosidad y vocación por las letras. En la heredad paterna (la hacienda Arona en el valle de Cañete, provincia de Lima), en la cual transcurrieron infancia y adolescencia, alterna la lectura de los clásicos con los encantos de la vida del campo y la observación de las costumbres y léxico de los labriegos y moradores sencillos y rústicos. Esta vinculación con la tierra determina el uso (perdido ya el patrimonio paterno y asomada la pobreza y estrechez económica en su vida) del seudónimo «Juan sin tierra» que alterna con el de Juan de Arona, y asimismo constituye el germen de su afición horaciana y virgiliana, manifiesta en una serie de versiones del latín. Traspuesta la adolescencia se abre para Juan de Arona la etapa de los viajes, primero a lo largo de la costa peruana hasta Iquique (1851) y luego a Chile y poco después a Colombia. En Santiago permanece un año siguiendo estudios superiores; luego los completa en Lima en el Convictorio de San Carlos. Sin terminar aquellos estudios, su aliento romántico le impulsa a realizar un viaje por Europa y Oriente. Entre 1859 y 1863 realiza una extensa gira por Inglaterra, Francia, España y otros países del Viejo Mundo. Dos años permanece en París estudiando filología e historia natural en La Sorbona y El Colegio de Francia. Perfecciona allí sus conocimientos del griego y el latín y otras lenguas modernas. En 1861 pasa a Alemania y Austria, y luego a Hungría e Italia, en donde se detiene varios meses, estudiando a los clásicos latinos. Yendo desde el norte de África recorre Egipto, Palestina y Turquía. Y por Italia y Francia, vistos de nuevo, con la agudeza que registran sus impresiones de viajero impenitente, retorna a América en 1863. Desde esa fecha se entrega a labores múltiples y a escribir poesías, traducciones y papeletas de lingüista. Perdida la heredad paterna, ingresa al Ministerio de Relaciones Exteriores en 1872. Había ya publicado sus libros de poemas Ruinas (París, 1863), Cuadros y episodios peruanos (Lima, 1867), Los médanos (Lima, 1869). En esos libros está contenida su emoción romántica al contacto con la tierra, sobre todo en el sector costeño situado al sur de Lima. Entre tanto, sus aficiones humanistas aflorantes durante su estada en Europa, habían encontrado expresión en delicadas y cabales versiones de Virgilio y otros clásicos antiguos y modernos, recogidas en sus libros Las Geórgicas de Virgilio (Lima, 1867) y Poesía latina (Lima, 1883). De otro lado, sus predilecciones filológicas y lingüísticas, afirmadas en serios estudios y consultas, informadas en las nuevas teorías de la entonces naciente ciencia del lenguaje, incrementaban su curioso y pintoresco catálogo de las expresiones idiomáticas típicas del Perú, que había comenzado en Londres desde antes de 1861 con su folleto Galería de novedades filológicas (Londres, 1861) y que conformaría definitivamente en su Diccionario de Peruanismos (Buenos Aires, Lima, 1882-1884, edición por entregas), al que adiciona dos suplementos, el primero de los cuales figura como apéndice de la misma obra.

Simultáneamente la múltiple actividad de Juan de Arona se manifiesta como poeta satírico de aguda intención polémica literaria y política, cuyos versos se recogieron en su libro Sonetos y Chispazos (Lima, 1885) y el inédito Rimas del Rímac, y sobre todo en su periódico, de belicoso y ácido carácter, El Chispazo, editado en Lima, entre 1891 y 1893, en el que culminó su anterior actividad de poeta y prosador satírico expuesta en el semanario La Saeta y en sus libros La España tetuánica y La Pinzonada (1867) y La matrona de Efeso (1872).

No puede prescindirse de citar tampoco su actividad de comediógrafo que fue intensa y que compartió con la crítica teatral. Se estrenaron y tuvieron éxito de público sus comedias El intrigante castigado (Lima, 1867), Más, menos y ni más ni menos (1870) y Pasada pesada en posada (1883).

Como diplomático le cupo actuar en representación de su país en momentos difíciles, en Chile (1878-79) y Argentina (1880-1886). De esa actividad y de su experiencia administrativa son testimonio sus libros de seria y erudita investigación: Páginas diplomáticas del Perú (Lima, 1891) y La inmigración en el Perú (Lima, 1891). En 1894, poco antes de su muerte, alcanzó a publicar una historia pintoresca de los balnearios situados al sur de Lima, titulada La línea de Chorrillos (Lima, 1894).

Hace algo más de un siglo -por 1864-, de regreso de su largo viaje por Europa y Oriente, Juan de Arona concluyó en Lima los originales de un libro que ha quedado inédito -muchas de cuyas páginas se encuentran dispersas en periódicos diversos- y que tituló Memorias de un viajero peruano, el cual hemos rescatado del olvido injusto. Es sin duda, uno de los aportes más calificados de nuestro romanticismo a la literatura de viajes y singular documento de sutileza, de sensibilidad y de sápido humorismo, que reivindica un tanto la escasa y débil producción de la generación romántica.

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