Las dos rivales

Las dos rivales

Las dos rivales

  • Autor:
    Antonio García Gutiérrez
  • ISBN:9788497702836
  • Categoría:Biografías, literatura y estudios literarios; Obras de teatro, textos teatrales
  • Temática:Obras de teatro, textos teatrales
  • Páginas:35
  • Idioma:Español / Castellano
  • Editorial:Vision Libros
  • Código de Producto:703
  • Disponibilidad: Disponible
  • Formato de este producto: PDF
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  • Sin Impuesto:1.24€
POESÍAS

Publico estas poesías, sin pretensiones en que tenga parte alguna la satisfacción de mí mismo. Sé lo que valen y sin embargo las imprimo, no por complacer a nadie, no por someterlas al juicio del público, sino porque un editor las quiere, y esta es una razón de gran peso para mí.

Composiciones hay en este tomo, a las que he dado lugar, por haber sido escritas en momentos de dulces o amargos recuerdos para mí, y que acaso nada significarán para mis lectores; pero algo se ha de conceder a [6] mi egoísmo. Muchas se hallarán que no están muy en armonía con el gusto de la época, y que son fruto de mi afición por los poetas líricos de los siglos XVII y XVIII, con especialidad por Meléndez: de esto no creo que debo sincerarme. Las hay también para cuya inserción no me ha asistido causa alguna; pero no soy yo quien debe desacreditarlas. Los folletinistas de nuestros periódicos se tomarán con sumo gusto este delicioso trabajo. -Vale.


LAS DOS RIVALES

CUENTO

I

Camino va de Jaén
sobre perezosa mula
mancebo de pocos años,
de larga guedeja rubia.
Fija la barba en el pecho
su rostro pálido oculta,
o con recelo sus ojos
torna al camino de Andújar.
En vano animar pretende
su tarda cabalgadura
de temor de que le alcancen
sus hermanos que le buscan.
Y la tarde es avanzada
y lluvia anuncia la luna
en rededor circundada
de triste banda sulfúrea.
¡Ay de él si allí le sorprende
temerosa noche oscura,
y las nubes a torrentes
la tarda vereda inundan!
¡Pobre niño! en esos campos
de triste aspereza inculta
sus ropas de seda blanda
pronto calará la lluvia.
Mas no... que ya de Jaén
se ve el castillo en la altura
y al través de las ventanas
mil y mil luces que cruzan.
Suspira el joven, sus ojos
clavando con amargura
en la ciudad que se pierde
entre la niebla confusa.
Lágrimas vierten sus ojos
que en su abandono no enjuga:
la mula apresura el paso
y él este canto murmura.

¿Por qué me juraste amores
fementido, engañador?
¿Por qué adornaste con flores
esa copa de dolores
para burlarme mejor?

Dijísteme que era hermosa
y que me amabas también:
tu queja escuché piadosa
y con promesa de esposo
ablandaste mi desdén.

Malhayas tú, fementido,
que ya supe tu maldad.
Llámaste de otra marido
después que hubiste cogido
la flor de mi honestidad.

En otra reja suspiras
abrasado el corazón:
por otros ojos deliras,
y no temes que mis iras
han de vengar tu traición.


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